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Lecciones del VIH y del SIDA ¿Te sientes cansado? (fatiga y anemia)

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Introducción

Fatiga es un término general usado para describir sensaciones de agotamiento, somnolencia y falta de energía. Es un problema frecuente en las personas infectadas con el VIH. La fatiga no es una enfermedad en sí, sino más bien un síntoma de enfermedad. Algunas personas sufren de agotamiento en forma aislada o a veces tienen períodos en los que se sienten exhaustos. Otros sin embargo, experimentan fatiga crónica, lo que puede interferir enormemente con el trabajo u otras actividades diarias.

Muchos proveedores de atención médica no saben cómo atender a las personas VIH positivas que sufren fatiga. Con frecuencia se les dice a quienes la padecen, que la fatiga es parte de "su imaginación" o que es una consecuencia inevitable de estar infectado con el VIH. Si bien es cierto que muchos tipos de fatiga mejoran con tratamientos o cambios en el estilo de vida, una actitud negativa por parte de los proveedores de atención médica podría deteriorar profundamente las relaciones entre ellos y los personas que viven con VIH.

El objetivo de esta lección es ayudar a las personas VIH positivas a comprender las verdaderas causas de la fatiga y a combatir la falsa idea de que es muy poco lo que se puede hacer para tratarla. Esperamos que esta lección ayude a todas las personas VIH positivas a entender mejor qué es la fatiga, y les permita transmitir sus consultas y preocupaciones sobre este tema a sus proveedores de atención médica.

¿Qué es la fatiga?

Si bien el concepto de fatiga parece obvio en el uso diario, hay varias definiciones médicas para el término. Los especialistas en este campo consideran que la fatiga tiene múltiples aspectos, que incluirían:

La fatiga clínica, que se refiere al cansancio fuera de lo común después del esfuerzo físico;
 
La fatiga mental, que es la dificultad de fijar la atención en las actividades que exigen concentración;
 
La fatiga motivacional, que se define como una falta de voluntad o de deseos de participar en una actividad física o emocional.
 

También existen fatigas del tipo agudo y crónico. Por lo general, la fatiga aguda dura poco tiempo, aparece inesperadamente y mejora con el reposo. La fatiga crónica dura mucho tiempo (normalmente seis meses o más), al principio puede ser insidiosa, y generalmente no se alivia con el reposo.

¿Es común la fatiga?

Entre las personas que viven con el VIH y el SIDA, la fatiga aparece con frecuencia. En dos estudios, el 54 y el 67 porciento de las personas señalaron haber experimentado fatiga como un síntoma, en algún momento durante el curso de la enfermedad. Las personas que viven con el VIH son más propensas a padecer una clase de fatiga que interfiere con sus actividades diarias, que aquellas que no están infectadas con el virus. Al comparar personas no infectadas e infectadas con VIH, un equipo de investigadores descubrió que las segundas eran más proclives a estar desocupadas, a sentirse fatigadas durante más horas del día, a dormir más y a estar menos alerta durante la mañana.

Aún entre las personas que viven con el VIH, el grado de desarrollo de fatiga es diferente: los que tienen una enfermedad más avanzada (menor recuento de células CD4 y/o antecedentes de infecciones oportunistas) tienen más posibilidades de experimentar fatiga.

Habla con tu doctor sobre la fatiga

No tienes por qué avergonzarte ni sentirte incómodo si estás fatigado. Si bien con el paso del tiempo los proveedores de atención médica han logrado entender mucho mejor la biología del VIH, algunos comprenden mejor que otros los síntomas que padecen las personas que viven con el VIH. Aún cuando los episodios de fatiga son síntomas frecuentes de una complicación subyacente, los proveedores de atención médica pueden descartar estos síntomas por considerarlos problemas inevitables asociados con el VIH, y no se toman el tiempo necesario para seguir investigando. Algunos llegan a decir que la fatiga de sus pacientes es psicosomática, y que lo que realmente necesitan es un psicólogo, no un médico. Sin embargo, con frecuencia la fatiga esconde otro problema más profundo, y si se evalúa en forma adecuada, es posible determinar la causa y tratarla.

Si te sientes fatigado, asegúrate de decírselo a tu doctor. Si piensas que tus síntomas fueron descartados demasiado rápido, asegúrate de hablar con el médico sobre la posibilidad de que te hagan análisis para detectar las causas posibles. No existe una forma correcta o equivocada de hablar sobre la fatiga: cualquier pregunta o inquietud que tengas merece una respuesta seria. Lo único que está mal es no hablar del tema.

Causas de la fatiga

Existen numerosas causas posibles para la fatiga en las personas que viven con el VIH. Con frecuencia, una persona con fatiga tiene varios problemas que pueden interactuar y causar este síntoma. Una de las causas puede ser la falta de atención adecuada a necesidades básicas del ser humano, como el descanso, la dieta y el ejercicio físico. También la ansiedad y la depresión se asocian con la fatiga. Otras causas pueden ser el consumo de alcohol, el cigarrillo y el uso de drogas. La fatiga puede ser un síntoma de una de las muchas infecciones oportunistas asociadas al VIH, y puede ser el primer signo de infección. Las anomalías del sistema endocrino, algo frecuente en las personas con VIH, también pueden causar fatiga. Finalmente, otra de las causas puede ser la anemia, un trastorno muy común asociado al VIH.

Analicemos en detalle cada una de estas posibles causas:

Descanso, dieta y ejercicio físico

Muchas personas, ya sea que estén o no infectadas con el VIH, no logran descansar y/o hacer suficiente ejercicio físico, y no comen como deberían. Con frecuencia es difícil alcanzar las horas de sueño y de ejercicio físico necesarias, y consumir comidas bien balanceadas. Siempre hay facturas que pagar, importantes proyectos que terminar, y amigos y familiares que visitar. De hecho, muchas personas que viven con el VIH se esfuerzan por trabajar demasiado, a pesar de, o en muchos casos a causa de, sentirse agotados. A su vez, con frecuencia, el trabajo (o la diversión) desmedido está acompañado por una dieta pobre, la falta de descanso y de ejercicio. Por otro lado, los trastornos del sueño pueden estar relacionados con ansiedad y depresión, el uso de diuréticos, cafeína, alcohol, nicotina, antihistamínicos, descongestivos, marihuana, cocaína y metanfetaminas (por ejemplo, cristal meth), o la falta de ejercicio físico. Con frecuencia, el beber demasiado alcohol, y el consumo de drogas como la cocaína y las metanfetaminas, están acompañados de una dieta pobre lo que puede producir anemia, enfermedad hepática, pérdida de peso y fatiga.
 

Causas psicológicas

La ansiedad y la depresión son comunes en las personas que viven con el VIH y además se vinculan con la fatiga. Además, la ansiedad y la depresión también se vinculan con el insomnio, la pérdida del apetito y la dificultad para concentrarse. Casi todas las personas infectadas con el VIH atraviesan períodos en los cuales se sienten molestos, preocupados, ansiosos o deprimidos. Las causas psicológicas de la fatiga en las personas infectadas con el VIH pueden tratarse, pero con frecuencia pasan desapercibidas.
 

El alcohol, el tabaco y las drogas

Nadie sabe con seguridad si el consumo de alcohol, de cigarrillos o de drogas acelera el avance de la enfermedad provocada por el VIH. Sin embargo, en las personas con VIH, con frecuencia el uso de esas sustancias se asocia a la presencia de fatiga. Si bien es posible que estas substancias no causen necesariamente fatiga en todas las personas en forma directa, la mayoría de las veces el abuso de sustancias es un signo (o la causa) de ansiedad, depresión, alteraciones del sueño y dieta pobre, todos los cuales pueden causar fatiga. Más aún, el alcohol y ciertas drogas pueden magnificar los efectos secundarios de los tratamientos para el VIH conocidos por causar fatiga.
 

Infecciones

Muchas de las infecciones asociadas con la enfermedad del VIH pueden vincularse a la fatiga. Entre ellas están las infecciones virales como el citomegalovirus (CMV), el virus de Epstein Barr (EPV) y el virus del herpes humano tipo 6 (HHV-6); las infecciones bacterianas como la tuberculosis (TBC), el complejo Mycobacterium avium (MAC) y las infecciones adquiridas en la comunidad como el estreptococo, el estafilococo y el hemófilus. Por otro lado, tanto las infecciones por parásitos y hongos como la histoplasmosis, la coccidioidomicosis, la toxoplasmosis, la neumonía por Pneumocystis carinii (NPC) y la criptosporidiosis, han sido asociadas al desarrollo de fatiga.

La fatiga puede ser el primer signo de una infección oportunista. Se debe prestar especial atención a otros síntomas (como tos, fiebre y dolor de cabeza) que también pueden indicar la presencia de una infección oportunista. La anemia (recuento bajo de glóbulos rojos), tratada en mayor detalle en la sección siguiente, es bastante común en las personas con infecciones oportunistas, y es una causa frecuente de fatiga.
 

Anomalías endocrinas: insuficiencia suprarrenal, hipotiroidismo e hipogonadismo

Las glándulas suprarrenales, ubicadas en la parte superior de los riñones, son responsables de la producción de muchas hormonas esenciales que regulan las funciones corporales. Los medicamentos para el VIH, la misma infección por el VIH o las infecciones oportunistas como el CMV y la TBC pueden infectar y dañar directamente a las glándulas suprarrenales. También pueden causar insuficiencia suprarrenal (o una producción inadecuada de hormonas suprarrenales). La insuficiencia suprarrenal puede provocar fatiga, pérdida de peso corporal, disminución de la presión arterial, mareos y eventualmente, la muerte.

El hipotiroidismo es un término que describe una glándula tiroide que funciona a baja capacidad. La tiroide está situada en la base del cuello y ayuda a regular la producción de hormonas en el cuerpo. El hipotiroidismo puede causar fatiga crónica y muchos otros síntomas que incluye dolor en los músculos, aumento de peso, estreñimiento y cabello y piel seca. Exámenes de laboratorio pueden determinar si su tiroide funciona adecuadamente.

El hipogonadismo (la disminución en la producción de testosterona) es un problema común en los hombres infectados con el VIH. Al igual que muchas hormonas, la testosterona, que es producida principalmente en los testículos, ayuda a regular el estado de ánimo, la función sexual, el metabolismo de los nutrientes y los niveles de energía de los hombres. Cerca del 45 porciento de todas las personas con SIDA y el 25 porciento de todos los individuos asintomáticos, infectados con VIH tienen niveles bajos de testosterona. Existen varias causas para una menor producción de testosterona, como por ejemplo la disfunción testicular (lesiones en los testículos, probablemente como resultado de una infección oportunista), los efectos secundarios de los medicamentos (especialmente el acetato de megestrol, ketoconazole y ganciclovir), y elevaciones del cortisol suprarrenal (que se produce en abundancia durante las infecciones crónicas como defensa normal del cuerpo ante el estrés físico).

Tratamiento para el VIH

 El tratamiento antiretroviral (ARV) frecuentemente aumenta el nivel de energía en las personas cuando lo comienzan a tomar.  Esto ocurre especialmente en personas quienes esperan a comenzar el tratamiento cuando su conteo de CD4 se encuentra a un nivel bajo.  Sin embargo, los  medicamentos para el VIH también pueden causar fatiga en algunas personas. El Retrovir (zidovudina-antes conocido como AZT) puede causar anemia, la cual es discutida en detalle más adelante. Otro medicamento conocido como Sustiva (efavirenz) puede causar disturbios en el sueño, lo cual puede causar mareos durante el dia, cansancio y dificultad en la concentración mental.

Anemia

Los glóbulos rojos nacen en la médula ósea y transportan el oxígeno desde los pulmones hasta el resto del cuerpo usando una proteína que contiene hierro llamada hemoglobina. Para la elaboración de glóbulos rojos se necesita una hormona natural llamada eritropoyetina, que es producida en los riñones y estimula a la médula ósea para que produzca una cantidad adecuada de glóbulos rojos. Una producción normal de glóbulos rojos depende también de muchos otros factores, como provisiones adecuadas de hierro, vitamina B12, ácido fólico y pequeñas cantidades de minerales.

El número de glóbulos rojos puede contarse directamente, o puede calcularse por medio del hematocrito o de la hemoglobina. El hematocrito (HCT) es el volumen porcentual de glóbulos rojos que hay en la sangre. Los valores normales de HCT varían, pero en general oscilan entre un 40 y un 52 porciento en los hombres, y entre un 35 y un 46 porciento en las mujeres. La concentración de hemoglobina (Hb) se informa en gramos de hemoglobina por decilitro de sangre (g/dl). Dado que los glóbulos rojos están formados por aproximadamente un 33 porciento de hemoglobina, por lo general el resultado de la hemoglobina equivale a cerca de una tercera parte del HCT. Los valores normales de la hemoglobina (Hb) son: 14 a 18 g/dl en los hombres y 12 a 16 g/dl en las mujeres.

Ciertas enfermedades y medicamentos pueden provocar una caída por debajo de los niveles normales en el número y en el porcentaje de glóbulos rojos. Cuando una persona se vuelve anémica, el cuerpo trata de compensar el desequilibrio de diferentes formas. El ritmo cardíaco aumenta en un intento por llevar más sangre, y más oxígeno a los tejidos, imponiendo una mayor carga sobre el músculo cardíaco. También aumenta el ritmo respiratorio. Ciertos lechos capilares (vasos sanguíneos diminutos en los tejidos) se abren más para brindar una mayor cantidad de oxígeno a los tejidos vitales, mientras que otros lechos capilares se contraen (se achican) a fin de retener el oxígeno. Esta redistribución de la sangre es la que produce la palidez y la sensación de frío tan frecuente en las personas anémicas, pero hace llegar más oxígeno a los órganos críticos como el corazón, el cerebro y los músculos. Sin embargo, este aumento en la actividad, da lugar a una necesidad aún mayor de oxígeno en estos tejidos, lo que provoca una sensación de fatiga, debilidad, palpitaciones, respiración entrecortada y otros síntomas.

La anemia, o un número anormalmente bajo de glóbulos rojos, es una de las causas más frecuentes de fatiga en las personas con VIH. Entre un 70 y un 80 porciento de las personas infectadas con VIH desarrollan anemia, en algún momento durante el curso de la infección. Más aún, un informe reciente concluyó que si la anemia, no se cura, se asocia a una menor supervivencia de las personas infectadas con el VIH.  

Causas de anemia en las personas con el VIH

Disminución en la producción de glóbulos rojos

La producción normal de glóbulos rojos en la médula ósea requiere de cantidades adecuadas de nutrientes necesarios para la producción de glóbulos rojos maduros, de una producción suficiente de hormonas que estimulen el desarrollo de los glóbulos rojos, y de la presencia de células inmaduras de la médula ósea que puedan madurar. Muchas de las complicaciones de la infección por VIH, además del mismo VIH, y los tratamientos para el VIH y el SIDA, pueden afectar este proceso.

Para el desarrollo normal de glóbulos rojos se necesita hierro, vitamina B12 y ácido fólico, junto con pequeñas cantidades de nutrientes. Cuando no hay cantidades adecuadas de estos nutrientes, la producción de los glóbulos rojos ocurre a una velocidad inferior a la normal, y su funcionamiento no es óptimo. La mala nutrición debido a la falta de apetito o a condiciones que provocan malestar al comer, como la candidiasis oral, la esofagitis o las llagas en la boca, puede provocar una deficiencia de hierro y de ácido fólico. Por otro lado, a pesar de seguir una dieta adecuada, algunas personas que viven con el VIH tienen una condición conocida como malabsorción, que disminuye la capacidad del intestino para absorber nutrientes vitales. La malabsorción se observa con infecciones oportunistas como MAC, criptosporidiosis y microsporidiosis, todas ellas pueden causar diarrea grave. Además, se cree que la infección por VIH en sí misma puede perjudicar la función y la absorción intestinal. Otras infecciones oportunistas, sin llegar a afectar directamente al intestino, pueden alterar el metabolismo del hierro, haciendo que la cantidad disponible para la producción de glóbulos rojos sea menor.

La producción hormonal insuficiente también puede contribuir a la aparición de anemia. Bajo circunstancias normales, cuando una persona sana se vuelve anémica, el cuerpo responde rápidamente produciendo más de la hormona eritropoyetina para estimular el reemplazo de los glóbulos perdidos. En las personas con enfermedades crónicas, incluso el VIH, es posible que la cantidad de eritropoyetina producida en los riñones no sea suficiente para estimular la producción normal de glóbulos rojos. Esto también puede suceder en las personas infectadas con VIH cuyos riñones están sanos, pero puede ser más grave aún en aquellas cuyos riñones fueron dañados por el mismo VIH, o a causa de ciertos medicamentos usados para tratar la infección por VIH y sus complicaciones. Entre los medicamentos conocidos por causar daño renal en algunas personas, están pentamidine, foscarnet y amphotericin B. Además, por motivos que no se comprenden totalmente, en las personas con infección por VIH la respuesta a la eritropoyetina puede ser inferior a la normal. Esto podría ser a causa de que las células de las personas con infecciones oportunistas o con el VIH también producen proteínas, como el factor de necrosis tumoral (TNF), que daña directamente a las células de la médula ósea, y hace que su respuesta a la eritropoyetina sea menor.

Además de la eritropoyetina, las personas con VIH pueden tener un nivel bajo de otras hormonas conocidas por estimular la producción de glóbulos rojos. Entre ellas, están las hormonas suprarrenales y la testosterona. Los niveles de hematocrito normalmente más altos en los hombres que en las mujeres probablemente se expliquen por los mayores niveles de hormonas en los hombres, incluyendo la testosterona. Las hormonas estimulan la producción de eritropoyetina, y también aumentan la capacidad de respuesta de las células inmaduras de la médula ósea a la eritropoyetina. De este modo, la insuficiencia suprarrenal y el hipogonadismo pueden contribuir al desarrollo de anemia.

Los glóbulos rojos se desarrollan a partir de las células inmaduras de la médula ósea, llamadas células progenitoras eritroides. Cuando se produce un deterioro en el número o la maduración de estas células progenitoras, puede aparecer anemia. Las toxinas, como el alcohol, pueden bloquear directamente la producción de células de la médula ósea. Ciertas infecciones, como el complejo Mycobacterium avium (MAC), la tuberculosis, las infecciones causadas por hongos y el citomegalovirus (CMV), pueden infectar y destruir las células de la médula ósea. Con menor frecuencia, la infección por parvovirus B19 puede infectar y destruir a las células progenitoras eritroides. El linfoma no Hodgkin, un cáncer asociado a la infección con el VIH, también puede dañar a las células de la médula ósea, y con frecuencia se asocia a anemia.

Muchos medicamentos usados para tratar la infección del VIH o sus complicaciones también tienen efectos secundarios tóxicos sobre las células progenitoras eritroides que pueden causar anemia. Cuando se usa este tipo de medicamentos, hay más posibilidades de desarrollar anemia a medida que la función inmunológica se va deteriorando progresivamente. Entre los medicamentos comúnmente asociados a la anemia están Retrovir, TMP-SMX (Bactrim, Septra), ganciclovir, dapsone, pyrimethamine, interferon y la quimioterapia contra el cáncer. Retrovir es el medicamento para el VIH que más se asocia con la anemia. En uno de los primeros estudios clínicos con Retrovir, cerca de la tercera parte de todas las personas VIH positivas que lo tomaron desarrollaron anemia. Si bien ahora Retrovir se receta a una dosis que es casi la mitad de la estudiada originalmente, todavía alrededor del 15 al 20 porciento de todos los pacientes que lo reciben desarrollan anemia, especialmente aquellos cuyos sistemas inmunológicos están seriamente debilitados. El tratamiento para la virus de la hepatitis C-interferón  y ribavirina- está asociado con causar fatiga extrema y anemia. Esto se debe a la reducción de glóbulos rojos y a los síntomas inflamatorios y parecidos a la gripe causados por el interferón.

Es importante recordar que a pesar de los efectos secundarios potenciales de estos medicamentos, los mismos pueden ser esenciales para el tratamiento de la infección con el VIH y de sus complicaciones, por lo que no necesariamente deben evitarse. Más bien, las personas deben ser conscientes de que existe la posibilidad de que aparezcan efectos secundarios, y hacer esfuerzos para identificarlos y tratarlos.
 

Aumento de la pérdida o la destrucción de glóbulos rojos

El nivel de glóbulos rojos en el cuerpo refleja el equilibrio entre la producción y la pérdida. Bajo circunstancias normales, los glóbulos rojos viven en la sangre durante varios meses. Cuando están dañados o demasiado viejos para llevar a cabo su función principal de transporte de oxígeno, unas células llamadas macrófagos ubicadas en el bazo y en otros órganos del cuerpo, los eliminan de la sangre. Existen varios procesos que pueden aumentar la tasa de pérdida de glóbulos rojos en las personas infectadas con VIH. Si la tasa de producción de glóbulos rojos no compensa su pérdida, se desarrolla anemia.

El sangrado es una causa obvia de anemia, y puede producirse por diversas razones. En las mujeres, una pérdida de sangre excesiva durante la menstruación puede provocar anemia y deficiencia de hierro. Ciertos tumores como el sarcoma de Kaposi y el linfoma, si ocurren en los intestinos, pueden causar hemorragias. Por otro lado, algunas infecciones del tracto gastrointestinal, como el CMV, pueden provocar erosiones en los intestinos y una pérdida crónica y lenta de sangre.

Tanto las infecciones crónicas como las agudas, las enfermedades renales severas y los tumores malignos, también pueden dar lugar a un ciclo de vida más corto de los glóbulos rojos en la sangre. No está del todo claro por qué sucede esto, pero es posible que involucre la activación de los macrófagos como parte de la defensa del cuerpo contra la enfermedad. Los macrófagos activados pueden eliminar los glóbulos rojos ligeramente dañados de la sangre y destruirlos antes de que se agoten sus funciones útiles.

Lista de verificación: Preguntas a considerar

Existen muchas causas potenciales de fatiga entre las personas con VIH. La siguiente lista de verificación puede ayudar a identificar otras condiciones que si se detectan y se tratan en forma adecuada, pueden ayudar a combatir la fatiga. Asegúrate de imprimir esta página y de hacerle las siguientes preguntas (y comentar sus respuestas) con tu doctor:`

  • ¿Durante cuánto tiempo has experimentado fatiga?
  • ¿Apareció repentinamente?
  • ¿Hay otros síntomas como tos, fiebre, pérdida de peso o diarrea?
  • ¿Sientes que la cabeza te da vueltas o te sientes mareado cuando te pones de pie de golpe?
  • ¿La fatiga estaba acompañada por signos de depresión?
  • ¿La fatiga estaba acompañada por signos de disminución de la función sexual?
  • ¿Te controlaron alguna vez los niveles de la hormona suprarrenal y de testosterona?
  • ¿La fatiga comenzó cuando iniciaste el tratamiento, o cuando cambiaste uno o más medicamentos?
  • ¿Hubo cambios en tu dieta que te hicieron sentir fatigado?
  • ¿Practicas algún ejercicio físico?
  • ¿Tienes problemas para dormir?
  • ¿Bebes alcohol?
  • ¿Fumas?
  • ¿Usas alguna droga?

Tratamientos para la fatiga

Existen muchos tratamientos diferentes, tanto farmacológicos como no farmacológicos, que pueden usarse para ayudar a tratar la fatiga. El tratamiento de la fatiga debe apuntar siempre a corregir la causa principal de la fatiga, una vez que se detectó cuál era. En esta sección, describimos algunos de los tratamientos más eficaces.

Hábitos saludables

Dieta y nutrición

Para que el cuerpo lleve a cabo funciones normales, necesita energía. La fuente de combustible para crear esta energía es la dieta o, para decirlo con palabras más técnicas, la ingesta nutricional. Una de las respuestas corporales a la nutrición deficiente (es decir a un suministro inadecuado de combustible) consiste en conservar la energía. El cerebro recibe un mensaje bioquímico para reducir la actividad, y los intentos por consumir energía pueden causar un aumento en la debilidad y la fatiga.

El estado nutricional puede medirse de diversas formas. Una medida básica consiste en pesarse regularmente. También hay una serie de pruebas de sangre sobre marcadores nutricionales como la albúmina sérica, el potasio, y otras vitaminas y minerales importantes (leer nuestra lección sobre el análisis del panel químico). Las medidas más modernas de composición del tejido corporal incluyen el análisis de impedancia bioeléctrica (BIA) y una prueba llamada DEXA (mide la densidad ósea). La energía se almacena principalmente en el tejido muscular, al medirla, ésta se conoce como masa magra corporal. Los cambios en la dieta pueden ayudar a mejorar el estado nutricional. Se considera que las proteínas, los ácidos grasos y la carnitina son elementos dietéticos importantes, y la falta de éstos puede contribuir a la fatiga muscular. También se comprobó que los niveles de ciertas vitaminas y minerales en las personas VIH positivas son bajos, y con frecuencia se asocian a la pérdida de peso y fatiga. Incluyen niveles bajos de vitaminas B12, A y C, folato, caroteno y zinc. Mediante una evaluación médica adecuada, puedes descubrir cuáles son los elementos que debes incorporar a tu dieta y determinar la causa de la deficiencia. Puedes trabajar con un nutricionista experimentado en VIH para elaborar un plan de nutrición personalizado que te ayude a controlar estas deficiencias y a combatir la fatiga.
 

Ejercicio físico

El estar fuera de forma puede reducir los niveles de energía y muchos estudios demostraron que el ejercicio físico puede ser beneficioso para las personas con el VIH. Los programas de ejercicio siempre deben personalizarse basándose en los niveles del estado físico en ese momento. Los ejercicios de resistencia como levantar pesas pueden ayudarte a fortalecer el tejido muscular. Este tejido almacena las proteínas necesarias para generar energía. El ejercicio aeróbico también puede ser útil. Habla con tu proveedor de atención médica o con un nutricionista sobre la posibilidad de participar en un programa de entrenamiento.
 

El sueño

Los problemas de sueño pueden causar fatiga durante el día. Algunas personas tienen problemas para conciliar el sueño, mientras que otras se despiertan varias veces durante la noche. Debes informarle a tu médico acerca de cualquier cambio en los patrones de sueño. Las causas médicas de los problemas para dormir pueden incluir depresión, ansiedad y efectos secundarios de los medicamentos. En general, estas condiciones pueden diagnosticarse y tratarse. El estilo de vida también afecta la cantidad de tiempo que permaneces dormido. El asegurarse de dormir lo suficiente puede resultar difícil cuando llevas una vida ocupada o cuando los horarios para la toma de tus medicamentos exigen que te despiertes de noche. Tratar de solucionar estos problemas debe formar parte de un plan general para tratar la fatiga.

Otras substancias también pueden afectar tu capacidad para dormir. La cafeína del café, del té y de las bebidas cola son estimulantes, y pueden entorpecer el sueño. Del mismo modo, el alcohol puede causar alteraciones para dormir. Controlar el consumo de cafeína y de alcohol para evitar los excesos es una excelente idea. Las drogas como las anfetaminas, las metanfetaminas (cristal) y el éxtasis pueden producir largos períodos de vigilia, seguidos por una sensación de profundo agotamiento. Junto con muchos otros posibles efectos nocivos, la fatiga es una consecuencia inevitable de esta clase de interrupción de los patrones normales del sueño.  

Tratamientos médicos para la fatiga

Dependiendo de la causa, existen varias intervenciones médicas usadas frecuentemente para combatir la fatiga:

Terapia hormonal / esteroides

La terapia hormonal (usando compuestos farmacéuticos que imitan a las hormonas de producción natural) continúa siendo prometedora como una opción de tratamiento para las personas infectadas con el VIH que están experimentando fatiga, depresión, disfunción sexual y pérdida de peso. Si bien los estudios clínicos con medicamentos hormonales para las personas con VIH todavía están en pañales, los investigadores ya dieron a conocer resultados alentadores.

Testosterona: La terapia con testosterona ha sido utilizada, tanto en la práctica médica como en los ensayos clínicos, para tratar a las personas infectadas con el VIH, que experimentan fatiga, disminución del apetito sexual y pérdida de peso. Se ha reportado que el reemplazo de testosterona en los hombres con VIH mejora la energía, el estado de ánimo y el deseo sexual. Por lo general, el reemplazo se realiza mediante dos inyecciones por semana o mediante un parche.

Esteroides anabólicos: La testosterona es un esteroide anabólico que se produce naturalmente. Anabólico significa que ayuda a crear tejido muscular. También se utilizaron versiones sintéticas de los esteroides anabólicos para favorecer el desarrollo de la masa magra corporal y aumentar los niveles de energía. Los esteroides anabólicos en estudio, tanto en los hombres como en las mujeres, incluyen nandrolone (Deca Durabolin) y oxandrolone (Oxandrin). Los resultados de los estudios preliminares han sido alentadores, pero hasta el momento los investigadores no están seguros de cuál es la mejor forma de usar los esteroides anabólicos en el VIH. Los esteroides anabólicos, especialmente los compuestos orales, pueden causar enfermedad hepática y deben utilizarse con precaución. Más aún, al igual que la terapia de reemplazo con testosterona, los esteroides anabólicos pueden causar virilización en las mujeres (desarrollo de "rasgos masculinos" como engrosamiento del pelo facial y profundización de la voz).

Hormona del crecimiento: La hormona de crecimiento humana (Serostim) es otro agente anabólico. La hormona del crecimiento está aprobada para el tratamiento del síndrome de desgaste progresivo en las personas con VIH/SIDA. En un estudio de 12 semanas de duración, las personas infectadas con el VIH que estaban siendo tratadas por pérdida de peso, recuperaron sus niveles de energía luego del tratamiento con la hormona del crecimiento, según pudo determinarse mediante pruebas de esfuerzo. En las personas con VIH, también se comprobó que la hormona de crecimiento aumentaba tanto el peso como la masa magra corporal.
 

Estimulantes

Algunos estudios pequeños están investigando el uso de medicamentos psicoestimulantes para tratar la fatiga. Ritalin, Cylert Adderall y Dexedrine están entre los medicamentos que se están investigando. Sin embargo, estos medicamentos contienen "aceleradores" (en la mayoría de los casos, anfetaminas), lo que significa que pueden crear dependencia.

Modafinil (Provigil) es un estimulante que no produce adicción, usado para tratar la narcolepsia, una alteración neurológica caracterizada por ataques diurnos incontrolables de somnolencia. Actualmente se está estudiando como un tratamiento antifatiga para las personas VIH positivas. Al igual que otros psicoestimulantes, modafinil se procesa en el hígado, lo que significa que puede interactuar con los medicamentos antiretroviral (ARV).
 

Tratamiento de las infecciones

Cada vez que se produce una infección, el cuerpo recurre a los distintos depósitos de energía (como grasa y músculos) para reponer el combustible. Cuando los depósitos de energía se agotan y no se reponen, la energía se ve alterada. Por ejemplo, alguien que está combatiendo una infección generalmente quema mucha más energía mientras se encuentra en reposo que alguien que está sano. Con el tiempo, la energía puede agotarse, causando fatiga.

Con frecuencia, la infección con el VIH, las infecciones oportunistas y una serie de otras complicaciones relacionadas con el SIDA (como el linfoma y el sarcoma de Kaposi) se asocian con fatiga. El VIH y sus complicaciones agregan estrés al sistema inmunológico y a los depósitos de energía. Los tratamientos son necesarios para combatir la enfermedad, pero también para ayudar a aliviar el estrés y los síntomas relacionados con la enfermedad. Cualquier infección o complicación que cause fatiga, pérdida de peso, fiebre u otros síntomas, debe diagnosticarse y tratarse en forma agresiva.
 

Cómo manejar los efectos secundarios de los medicamentos

A pesar de todos los beneficios que ofrecen los medicamentos antirretrovirales y los tratamientos para las complicaciones relacionadas con el SIDA, éstos también producen una serie de efectos secundarios indeseables. Como mencionamos en las secciones anteriores, muchos medicamentos ARVs pueden contribuir al desarrollo de fatiga y anemia. Según la gravedad de los efectos secundarios, hay varios pasos que los pacientes y sus doctores pueden considerar.

Una opción puede ser reemplazar el medicamento que causa el daño por otro similar, que posiblemente no cause los mismos efectos secundarios. Ésta es con frecuencia la opción más deseable, pero es posible que no se pueda aplicar en los pacientes que no tienen medicamentos alternativos de los que escoger. Por ejemplo, es posible que un paciente anémico, que ha probado sin éxito tratamientos con todos los medicamentos disponibles para el VIH, y que está mostrando una buena respuesta a una combinación de medicamentos que incluye Retrovir, no tenga medicamentos alternativos de los cuales escoger.

Otra opción podría ser disminuir la dosis del medicamento que provoca el efecto secundario. Lamentablemente, la reducción de la dosis puede ser un problema, debido a que las dosis menores de medicamentos pueden ser menos eficaces y favorecer el desarrollo de resistencia a los medicamentos.

Los investigadores también están observando de cerca las interrupciones estructuradas del tratamiento, o las vacaciones de los medicamentos, para determinar si la suspensión temporal de la terapia ayudará a controlar los efectos secundarios, como la anemia. Aún no se sabe si es posible, o cuántas veces se puede suspender y reiniciar los tratamientos para el VIH sin causar problemas, como es la resistencia a los medicamentos.
 

Transfusiones de sangre

Durante mucho tiempo se ha considerado a las transfusiones de sangre como una forma segura y eficaz de tratar la anemia causada por distintas complicaciones y medicamentos relacionados con el VIH/SIDA. Los pacientes con fatiga asociada a la anemia, generalmente, se sienten mejor casi inmediatamente después de recibir transfusiones de sangre. Sin embargo, las transfusiones de sangre pueden tener desventajas. Un estudio reciente demostró que éstas pueden aumentar la carga viral de una persona infectada con el VIH (cantidad de virus en la sangre) y pueden acelerar el avance de la enfermedad, aunque las posibilidades de que suceda esto en los pacientes que están tomando una terapia ARV combinada son mínimas. También es importante darse cuenta de que si bien las transfusiones pueden tener un impacto inmediato sobre la fatiga y la anemia, en general los beneficios son fugaces y no tratan la causa principal.
 

Eritropoyetina

Procrit (eritropoyetina recombinante) es una versión sintética de la eritropoyetina natural que se produce en los riñones. La eritropoyetina ayuda a estimular la producción de glóbulos rojos en la médula, aumentando así los niveles de hemoglobina y aliviando síntomas como la fatiga asociada a la anemia. Procrit se fabrica mediante la tecnología del ADN recombinante, y tiene los mismos efectos biológicos que la eritropoyetina natural. La Administración de Alimentos y Fármacos (FDA, sigla en inglés) aprobó este producto para el tratamiento de la anemia en individuos infectados con VIH y tratados con Retrovir.

Procrit puede administrarse una, dos o tres veces por semana, mediante una inyección, ya sea directamente debajo de la piel o a través de una línea intravenosa (IV). Las personas que toman Procrit pueden aplicarse las inyecciones ellos mismos, o se las puede aplicar un amigo o un familiar. Un médico o un enfermero pueden enseñarles a darse las inyecciones en forma fácil y segura. Por lo general, el medicamento, usualmente, se suministra durante un período mínimo de ocho semanas, y pueden pasar de cuatro a seis semanas antes de que se vean los resultados.

Procrit es más útil en los pacientes anémicos que tienen niveles sanguíneos relativamente bajos de eritropoyetina. Un nivel normal de eritropoyetina en una persona no anémica es de 5 a 24 microunidades por milímetro de sangre (mU/ml). Cuando aparece anemia, los niveles de eritropoyetina aumentan drásticamente, a veces hasta alcanzar miles de unidades. Los estudios clínicos han demostrado que una persona infectada con VIH, con un nivel de eritropoyetina inferior a 500 mU/ml y que está tomando una dosis convencional de Retrovir (600 mg/día) tendrá más posibilidades de beneficiarse con el uso de Procrit que alguien cuyos niveles de eritropoyetina sean mayores. Los estudios clínicos también demostraron que los pacientes que recibieron Procrit precisaron menos transfusiones de sangre, tenían niveles de hematocrito más altos y generalmente se sentían con más energía y menos fatigados que los pacientes que recibían el placebo. Se cree que los efectos secundarios ocurridos, estuvieron relacionados con el avance de la enfermedad del SIDA, y no con el tratamiento con Procrit.

Tratamientos alternativos para la fatiga

Si bien existen muchos relatos anecdóticos que sugieren que las terapias alternativas no farmacéuticas, son eficaces para aliviar la fatiga, sólo se llevaron a cabo muy pocos estudios clínicos bien diseñados para determinar si son seguros o eficaces. Otro problema es que normalmente los programas de seguros de salud no pagan los tratamientos alternativos, y el consumidor debe hacerse cargo de todos los gastos.

Las terapias alternativas sugeridas para tratar la fatiga incluyen: la yohimbina y el ginseng, ambos estimulantes naturales; la carnitina, que imita al aminoácido formador de músculo fabricado por el cuerpo; y DHEA, una versión sintética de una hormona producida naturalmente que desencadena la producción de testosterona. Es importante destacar que los suplementos que contienen Ma Huang (una hierba china, que se encuentra en la efedra alcaloide, un té mormón, y el éxtasis de hierbas, para nombrar algunos) fueron calificados como "peligrosos" por la Administración de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos (FDA). Esta hierba puede causar un aumento de la presión arterial y latidos cardíacos irregulares.

Los tratamientos alternativos deben usarse con cuidado, considerando que es muy poco lo que se sabe sobre sus posibles efectos secundarios a corto y a largo plazo. Más aún, los tratamientos alternativos pueden cubrir o enmascarar un problema subyacente que es el origen de la fatiga.

Conclusión

Lo que deseamos que quede claro es que la fatiga es un síntoma frecuente con muchas causas tratables. Si bien no sugerimos que puedas determinar todas las causas de la fatiga, puedes brindarle a tu doctor información importante que podría ayudarle a identificar las causas y a recomendarte una acción o un tratamiento adecuado.

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Última revisión: 2/11/2011

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