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Lecciones del VIH y del SIDA Riesgos para tus riñones: Una guía completa sobre tu salud renal

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Introducción

Nuestros riñones, que pesan seis onzas cada uno (esto es menos del 0,5 por ciento de nuestro peso corporal total), cumplen varias funciones vitales. Para aquellos que viven con el VIH, estas funciones incluyen el metabolismo de algunos medicamentos que se necesitan para mantener una carga viral baja y recuentos de CD4 altos. Lamentablemente, tal como con cualquiera de los otros órganos vitales del cuerpo, los riñones no son inmunes a las enfermedades que pueden afectar gravemente su funcionamiento. Aproximadamente, 20 millones de estadounidenses (uno de cada nueve adultos), tiene una enfermedad renal y otros 20 millones más corren el riesgo de desarrollarla. Los estudios también muestran que cerca de un tercio de todas las personas VIH positivas tienen cantidades anormales de proteínas en la orina (signo de un posible problema renal).

A medida que las personas con VIH continúen llevando vidas más largas gracias a la terapia antirretroviral, los expertos calculan que la enfermedad renal se mantendrá como una amenaza potencialmente grave y común para la salud. Afortunadamente, durante estos últimos años se ha aprendido mucho acerca del VIH y la enfermedad renal, inclusive acerca de los mejores métodos para poder diagnosticarla, prevenirla y tratarla.

Esta lección tiene el propósito de ayudar a las personas VIH positivas a entender mejor por qué sus riñones son importantes y a que puedan tomar medidas que protejan su salud, en colaboración con sus doctores.

Después de leer esta lección, por favor responde nuestra encuesta de 9 preguntas sobre la salud de los riñones.
Haz click aquí para comenzar.

¿Qué es exactamente lo que hacen los riñones?

La mayoría de las personas tienen dos de estos órganos con forma de frijol (aproximadamente una en 750 personas nacen con un solo riñon). Tienen aproximadamente el tamaño de un puño y se encuentran en la parte media y posterior de la espalda, a los costados de la columna. A menudo, el riñón izquierdo está posicionado una pulgada más arriba que el derecho.

Los riñones contienen millones de nefronas, pequeñas unidades formadas por vasos sanguíneos (glomérulos) y tubos colectores de fluidos (túbulos), que depuran aproximadamente unos 200 cuartos de galón (190 litros approx.) de sangre por día. Durante un período de 24 horas, filtran unas 30 a 40 veces el volumen sanguíneo total, extrayendo dos cuartos de galón (1,90 litros approx.) de productos de desecho y agua extra que son eliminados en forma de orina.

Además de funcionar como filtros, los riñones llevan un registro de diversas sustancias de la sangre y si es necesario liberan hormonas para ayudar a reponer las reservas perdidas. Producen eritropoyetina (EPO) para estimular la producción de glóbulos rojos, renina para ayudar a controlar la presión sanguínea y calcitrol (la forma activa de la vitamina D) para mantener los niveles de calcio y así, conservar sanos a los huesos.

¿Qué es la enfermedad renal?

Cuando los expertos hablan sobre la enfermedad renal, generalmente se refieren a la “función renal”. De acuerdo con el Instituto Nacional de Diabetes, Enfermedades Digestivas y Renales (NIDDK, siglas en inglés), las personas con los dos riñones sanos, cuentan con el 100% de la función renal, que es más de lo que uno necesita. Ésto explica el por qué las personas pueden sobrevivir bien con un solo riñón.

Si la función renal disminuye por debajo del 25 por ciento, pueden aparecer graves problemas de salud. Y si baja por debajo del 15 al 10 por ciento, la persona no podrá vivir por mucho tiempo sin diálisis o un transplante de riñon.

Si bien existen diferentes causas que reducen el funcionamiento de los riñones (revisar la sección siguiente), en general hay tres tipos diferentes de enfermedad renal:

Falla o insuficiencia renal aguda (ARF, siglas en inglés): Ésto sucede cuando los riñones sufren un daño grave de manera abrupta. Puede ser a causa de un accidente, o también de venenos o algunos medicamentos. En algunos casos el desarrollo de ARF puede conducir a un daño renal permanente.
 
Enfermedad renal crónica (CKD, siglas en inglés): La mayoría de los problemas renales, inclusive aquellos que se observan en las personas VIH positivas, ocurren muy lentamente. La CKD puede permanecer “silenciosa” por muchos años. Esto significa que no causa ningún síntoma que se pueda percibir pero podría estar dañando a los riñones. Si la CKD no se diagnostica, puede aumentar el riesgo de un ataque al corazón o de un infarto cerebral. Los análisis de sangre de rutina pueden detectar la presencia de CKD en estadios tempranos, antes de que cause un daño permanente a los riñones.
 
Enfermedad renal en etapa terminal (ESRD, siglas en inglés): Esto consiste en la insuficiencia o colapso renal total (o casi completa), que es irreversible. Los pacientes con ESRD necesitan diálisis o un transplante renal para poder vivir. Un estudio conducido por la Universidad de John Hopkins de Baltimore, sugiere que el riesgo de ESRD entre personas VIH positivas de raza negra es casi 12 veces superior al de la población negra VIH negativa; y que en realidad el riesgo podría estar en aumento.

¿Cuál es la causa de la enfermedad renal?

Las personas VIH positivas pueden afrontar una variedad de factores de riesgo de enfermedad renal.

Primero, es importante reconocer que por naturaleza algunas personas corren un mayor riesgo de desarrollar enfermedad renal. Ésto incluye a las personas con antecedentes familiares de enfermedad renal (por ejemplo, madre, padre u otro familiar directo con ciertos tipos de problemas renales). Los afroamericanos, hispanos/latinos, isleños del Pacífico y nativos americanos también tienen un riesgo elevado de desarrollar problemas en los riñones.

También existen factores de riesgo que se pueden modificar o disminuir. Éstos incluyen a causas de enfermedad renal relacionadas con el VIH, como la infección con el VIH en los riñones y algunos medicamentos que se usan para tratar al VIH. Otros factores de riesgo que se pueden modificar incluyen la presión arterial y la diabetes.

La siguiente tabla muestra los factores de riesgo de enfermedad renal más importantes que se pueden modificar y que las personas VIH positivas necesitan conocer.

Aumento de la presión arterial (hipertensión)

La hipertensión, o presión arterial alta, es una de las causas principales de la enfermedad renal. También puede ser un signo de que la salud de los riñones ya esté dañada. La hipertensión puede dañar los vasos sanguíneos pequeños en los riñones y en consecuencia, no permite que los mismos filtren los productos de desecho adecuadamente.

Todavía no está claro si las personas VIH positivas tienen más probabilidades de sufrir presión arterial elevada que las VIH negativas. Sin embargo, hay muy poca información que sugiera lo opuesto, y dado que las personas VIH positivas están viviendo más tiempo, gracias al uso generalizado del tratamiento antirretroviral, es muy probable que aumenten los problemas de salud como la hipertensión.

Es importante tener en cuenta que las personas de raza negra conforman el 49 por ciento de los casos de VIH/SIDA en los EEUU. Aproximadamente el 43 por ciento de los hombres y el 47 por ciento de las mujeres de raza negra de 20 años de edad o mayores (sin tener en cuenta su estado de VIH) tienen presión arterial elevada.

Los latinos representan el 18 por ciento de la epidemia del VIH/SIDA en los EEUU. Un estudio documentó la presión arterial elevada en el 29 por ciento de los hombres y en el 31 por ciento de las mujeres con ascendencia mexicana.
 

Diabetes

La diabetes es una enfermedad que no permite el metabolismo correcto de la glucosa (azúcar) en la sangre. Ésto hace que los niveles de la glucosa se mantengan elevados en la sangre y dañen las nefronas en los riñones. Ésto puede conducir al desarrollo de una condición llamada nefropatía diabética, una forma muy común de enfermedad renal.

Las personas VIH positivas, particularmente aquellas en tratamiento con inhibidores de la proteasa, corren un alto riesgo de desarrollar problemas relacionados con la glucosa. En un informe del 2004 publicado por el estudio Cohorte Multicéntrico de SIDA, los hombres VIH positivos bajo tratamiento antirretroviral tuvieron tres veces más probabilidades de recibir un diagnóstico de diabetes dentro de un período de cuatro años, en comparación con hombres VIH negativos.

También es importante señalar que los latinos y los negros tienen casi dos veces más probabilidades de tener diabetes que los blancos de la misma edad. Esto aumenta las posibilidades de desarrollar complicaciones como la enfermedad renal crónica.
 

Nefropatía asociada al VIH (HIVAN, siglas en inglés)

Existen varias enfermedades que pueden atacar los pequeños vasos sanguíneos de los riñones. Una muy notable, es la nefropatía asociada al VIH. Es causada por la infección con el VIH en los riñones, la cual puede dañar la pared de los glomérulos y de los túbulos. Si no se la trata a tiempo puede conducir a ESRD en 6 a 12 meses.

Si bien no está muy claro cuántas personas VIH positivas padecen HIVAN, generalmente ocurre en hombres de raza negra. Los recuentos bajos de células CD4 y una historia familiar de enfermedad renal también son factores de riesgo para la HIVAN.

El tratamiento anti-VIH se puede usar para prevenir y tratar eficazmente la nefropatía asociada al VIH.
 

Medicamentos

Existen varios medicamentos, incluyendo algunos que usan las personas VIH positivas, que listan a la insuficiencia renal aguda (ARF) como un posible efecto secundario. Los expertos aconsejan que estos medicamentos se usen con precaución (y que sus dosis sean reguladas por un proveedor de atención médica), en los pacientes VIH positivos con antecedentes de ARF o enfermedad renal crónica (CKD).

  • Medicamentos para las infecciones oportunistas (IO). Se sabe que algunos medicamentos que se usan para el tratamiento de las infecciones por hongos, la neumonía por pneumocystis (PCP) y el citomegalovirus (CMV) dañan rápidamente a los riñones de algunos pacientes.
     
  • Medicamentos anti-VIH. Los inhibidores de la proteasa como Crixivan (indinavir) y menos frecuentemente Reyataz (atazanavir) pueden causar cálculos (piedras) en los riñones. Los inhibidores nucleósidos de la transcriptasa reversa (INTR, principalmente Zerit (stavudine) y Videx/VidexEC (didanosine), son conocidos por causar acumulación de un ácido (acidosis láctica) en la sangre, el cual puede conducir a insuficiencia renal y a otros problemas graves.

    Otro medicamento de la clase de los INTR que puede causar problemas en los riñones es tenofovir, el ingrediente activo de Viread y uno de los medicamentos en Truvada y Atripla. Tenofovir se puede acumular en los túbulos renales, impidiendo su funcionamiento correcto. Afortunadamente, las tasas de insuficiencia renal han sido bastante bajas, en el orden del 0.5 al 1.5 por ciento en aquellos que toman tenofovir.
     
  • Medicamentos para el dolor. Los analgésicos no esteroides (NSAIDS, siglas en inglés), tales como Advil (ibuprofen) y Aleve (naproxen), que se venden sin receta médica, se recomiendan y se usan frecuentemente para aliviar el dolor. En algunas personas pueden causar una reacción alérgica conocida como nefritis intersticial, la cual disminuye el flujo sanguíneo dentro de los riñones.
     
  • Terapias con hierbas. Finalmente, algunas terapias a base de hierbas, especialmente aquellas que contienen ácido aristoloico (que se encuentra en la planta Aristolochia [o pipa del remiendo o de Dutchman], han mostrado causar daño renal y podrían ser responsables de algunos cánceres del tracto urinario. De hecho, la Administración Alimentos y Fármacos de los EEUU recomienda que no se usen las terapias a base de hierbas que contengan ácido aristoloico (incluyendo a los productos que listen “Aritolochia”, "Bragantia" o "Asarum" como ingredientes en sus rótulos). Haz clic aquí para obtener un listado parcial de los productos que debes evitar.

¿Cuáles son los síntomas de la enfermedad renal y cómo se la diagnostica?

Los síntomas de la enfermedad renal incluyen:

  • La necesidad de orinar con más o menos frecuencia
  • Orina espumosa, debido a que la sangre tiene demasiada proteína
  • Orina de color rosado o color de bebida cola, debido a la presencia de sangre en la orina
  • Fatiga
  • Manos o pies hinchados
  • Dificultad para concentrarse
  • Piel de color más oscura
  • Calambres musculares

Es importante recordar que algunas personas, particularmente aquellas en las primeras etapas de la enfermedad renal, no tienen síntomas perceptibles. Por lo tanto, es importante llevar a cabo pruebas de laboratorio regularmente para buscar la presencia de ciertas anormalidades (estas pruebas también se usan para controlar la enfermedad renal en personas con síntomas). Éstas incluyen:

Prueba de orina (análisis urinario): Cuando los riñones dejan de funcionar correctamente, comienzan a remover la proteína saludable de la sangre, y la excretan como desecho. Tu proveedor de atención médica o el laboratorio que analiza tu sangre, pueden buscar las proteínas usando una vara (cinta química) que reacciona al ponerse en contacto con una muestra de orina. El análisis de orina es muy común y simple, y dependiendo del proveedor de atención médica, es un componente de rutina en la atención del VIH.
 
Tasa de filtrado glomerular (GFR, siglas en inglés) usando los índices de creatinina: La creatinina, que se encuentra en la sangre, es un producto de desecho generado por el metabolismo normal de las células musculares. Los niveles elevados de creatinina no significan nada en concreto, ya que los niveles varían considerablemente y pueden ser afectados por la dieta. Por lo tanto, los expertos recomiendan cálculos como la GFR que usan las mediciones de creatinina junto con variables como el peso, la edad y valores asignados para el sexo y la raza. La Fundación Nacional de los Riñones, así como también otros grupos de expertos, consideran a la GFR como la mejor medida del funcionamiento renal.
 
Nitrógeno ureico de la sangre (BUN): Después de que las células usan las proteínas, el producto de desecho se convierte en urea (compuesto que contiene nitrógeno). Los riñones sanos remueven la urea de la sangre. Los riñones enfermos tienen dificultad para realizar esta tarea. Si los niveles de urea están más elevados que lo normal (lo que se detecta a través de un simple análisis de sangre) pueden indicar problemas renales.

También es importante estar atento a la aparición de signos y síntomas de presión arterial elevada y diabetes, las causas más comunes de enfermedad renal. Usando un manguito especial, tu doctor puede vigilar los signos de hipertensión y si fuera necesario, recomendar un tratamiento o modificaciones en el estilo de vida para conseguir que tu presión arterial se conserve en 80/130. Las pruebas de laboratorio de rutina también pueden ayudar a tu proveedor de atención médica y a ti, a controlar los niveles de glucosa de tu sangre.

¿Necesito que me examinen para encontrar problemas renales?

Sí, de acuerdo con las guías desarrolladas y publicadas en el 2005, por la Sociedad Americana de Enfermedades Infecciosas (IDSA) enfocada específicamente en enfermedad renal crónica en personas que viven con el VIH.

La IDSA recomienda que todas las personas VIH positivas sean examinadas para evaluar la presencia de enfermedad renal al momento de su diagnóstico usando muestras de orina y sangre. Aún para aquellos que aparentan tener una función renal normal, los pacientes con riesgo elevado de disfunción renal (tales como aquellos con presión arterial elevada, con diabetes, con recuentos de CD4 por debajo de 200, con cargas virales por encima de 4.000 y con coinfección con el virus de la hepatitis C o VHC), deberían ser examinados por sus proveedores de atención médica todos los años. Se recomiendan exámenes dos veces al año para aquellos pacientes que corran alto riesgo, que usen medicamentos que potencialmente podrían dañar a los riñones, tales como Crixivan y medicamentos que contengan tenofovir (Viread, Truvada y Atripla).

¿Cuál es el tratamiento para la enfermedad renal?

La IDSA recomienda que las personas VIH positivas que tengan signos o síntomas de problemas renales visiten a un especialista en riñones (nefrólogos) para su atención médica.

Las opciones de tratamiento pueden variar considerablemente, dependiendo de la causa (o causas) de la enfermedad renal de la persona y de otras cuestiones de salud. Algunas de las posibilidades incluyen:

Reducción de la presión arterial: Los medicamentos como los inhibidores de la enzima conversora de angiotensina (ACE, siglas en inglés), o los bloqueadores de los receptores de angiotensina (ARB, siglas en inglés) se recetan frecuentemente para controlar la presión arterial en pacientes con enfermedad renal. Otros medicamentos, junto con cambios en el estilo de vida (por ej.: ejercicio físico) y en la dieta, también podrían ser necesarios.
 
Control de la diabetes: Las personas VIH positivas con diabetes y enfermedad renal necesitarán vigilar con mucha atención sus niveles de glucosa y deberán trabajar muy de cerca con sus proveedores de salud para mantener estos niveles bajo control.
 
Modificaciones en la dieta: Algunas partes de una dieta normal pueden acelerar la insuficiencia renal. Podría ser necesario limitar el consumo de proteínas, colesterol, sodio y potasio. La consulta con un dietista o nutricionista es beneficiosa.
 
Dejar de fumar: Fumar no sólo aumenta el riesgo de enfermedad renal, también contribuye a muertes por infartos cerebrales y ataques al corazón en personas con enfermedad renal.
 
Tratamiento de la HIVAN: La IDSA pone énfasis en que los pacientes con nefropatía asociada al VIH deberían recibir tratamiento antirretroviral, sin importar sus recuentos de CD4 o carga viral, una vez que se diagnostica la enfermedad.
 
Verificar los medicamentos y sus dosis: En pacientes con antecedentes de enfermedad renal, algunos medicamentos (inclusive ciertos medicamentos anti-VIH) deberían evitarse. Se deberían modificar las dosis de medicamentos que se procesan (metabolizan) en los riñones para disminuir el riesgo de efectos secundarios y el desarrollo de un mayor daño renal.

Conclusión

Al igual que con las demás lecciones de AIDSmeds.com, esperamos que esta revisión te anime a hablar con tu proveedor de atención médica sobre el VIH y la salud de los riñones. Una manera de comenzar la conversación con tu doctor es hacer preguntas. Comienza con estas preguntas básicas:

  • Basándose en mis antecedentes familiares, ¿Corro el riesgo de desarrollar enfermedad renal?
  • ¿Tengo presión arterial elevada?
  • ¿Tengo diabetes?
  • ¿Mis pruebas de sangre y orina muestran signos de enfermedad renal?
  • ¿Cómo puedo prevenir los problemas renales?
  • ¿Puedo tomar mis medicamentos anti-VIH y otras medicaciones sin problemas?
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Última revisión: 6/27/2007

El contenido de esta lección fue escrito por el fundador y los escritores de AIDSmeds.com. Podrás encontrar una biografía de nuestro equipo de escritores en la página "About Us".

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